Muchas veces nos planteamos qué es lo
que hay de malo en nosotros … Si somos demasiado raros para
determinado grupo de personas, si nos sentimos incomprendidos por el
resto de personas, si carecemos de tacto a la hora de interactuar o
simplemente si no nos sentimos escuchados o queridos.
El mero hecho de preguntarnos cuál es
el error en nosotros impide que nos hagamos preguntas más
importantes sobre nosotros y nuestro ser.
Existe una necesidad del ser humano
por pertenecer a un grupo o colectivo y al mismo tiempo el
existencialismo nos persigue de manera que necesitamos saber quiénes
somos.
Si el ser humano pertenece a un
colectivo, a un grupo... Abandona el existencialismo propio del
individuo por el cual tardará en conocerse o no lo llegará a hacer
nunca. Pues existe la necesidad de soledad para hacerse las preguntas
correctas .
También hay la probabilidad de que el
grupo te expanda los horizontes, ya que te aporta conocimientos a
los que no llegarías por ti mismo. A pesar de esa ventaja, ¿esos
conocimientos en el momento que te los ponen en bandeja pasan a ser
tuyos o simplemente es una mera aceptación y asimilación de ideas
para incluirte más en el grupo?
¿Es necesaria la aceptación del
colectivo para el individuo,para que este amplíe sus horizontes, a
cambio de postergar su conocimiento propio o sin embargo la soledad y
el hastío de no ser aceptado acabarían con la persona, pese a que
se conoce o tiene más posibilidades de hacerse las preguntas
correctas?
En este tipo de preguntas la respuesta
yace en la ignorancia, pues una persona que conoce la aceptación y
el rechazo del grupo tanto como el conocimiento sobre si mismo, le
invadirá la necesidad de saber más y eso le llevará a la angustia
de la incertidumbre. Debido a eso el que realmente es feliz es aquel
que no se realiza grandes preguntas sobre si mismo o sobre el resto y
simplemente fluye como el agua lo hace por el río. Ignorar para
sobrevivir.

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